
PARIS.- En el exterior uno es más fanático y se siente más argentino. Es casi como una ley. Tal vez esa postal celeste y blanca de los 500 argentinos unidos en un abrazo simbólico a la vuelta del Arco del Triunfo fortalece esta presunción. La fascinación por los Pumas los convocó por intermedio del boca en boca e interminables cadenas de e-mails debajo de este monumento glorioso, asociado al éxito y a sueños de libertad y grandeza.
El paseo de domingo parisiense se interrumpió de golpe. "Y ya lo ve, y ya lo ve, vamos a copar, Champs Elysées" , cantaban, ingeniosos, un grupo de cordobeses, motorizados por tres bidones de fernet con Coca. Se observaban rostros pintados con los colores de la pasión, camisetas de todas las épocas y el canto que se encendía a cada rato: "Vamos, vamos Argentina, vamos, vamos a ganar " .
Los franceses miraban azorados este piquete de exportación en las narices de su monumento histórico. Pablo Lorenzini, un arquitecto argentino que vive en París hace siete años, fue el mentor de este banderazo en pleno corazón de la ciudad. "Fue una buena idea, ¿o no?", decía, halagado de semejante repercusión y convocatoria.
Después de una hora de bullicio y exhibir con orgullo esto de sentirse bien argentino, partió la caravana rumbo a Saint-Denis. No fue en auto, sino en subterráneo. Un grupo de hinchas de San Lorenzo con tres bombos hicieron de guías de la multitud. El repiqueteo de los tambores retumbaba en los túneles y señalizaba el camino por seguir. En los vagones se observaba el mismo ritual que en la calle y en los bares periféricos: porteños, tucumanos, rosarinos, bahienses, mendocinos, fueguinos, santafecinos muchos argentinos desbordados de alegría y entusiasmo. Entre estación y estación se divisó al Negrito Gaitán, acompañado de su padre y su novia; a Tomás de Vedia junto con amigos del SIC y, antes, en el Arco de Triunfo, se los había visto a los familiares de los mellizos Contepomi y a los padres de Gonzalo Longo.
La llegada a la estación Saint-Denis-Stade de France no intimó a algún argentino que sospechaba que iban a ser minoría. El ejército de escoceses se visualizó a la distancia, acorralando los bares. Pero no se parecía ni a la mitad de la marea verde de irlandeses que habían estado en el Parc des Princes, la semana pasada. Los rivales intercambiaron souvenirs y hubo fotos de confraternidad. Hasta hubo un scrum ficticio, con una apuesta de por medio: un jarrón de cerveza.
Los alrededores parecían una pequeña Buenos Aires, o cualquier ciudad argentina, para no herir sentimientos y avivar una antigua y oxidada disputa federal. Había gente sin apuro, disfrutando de un tercer tiempo popular, aunque sin precios demasiado populares: cerveza siete euros, panchos cinco y café tres. Esto de venir a pasear a Europa requiere la sonrisa de una billetera generosa.
La ansiedad retrasaba los relojes, pero los más entusiastas ingresaron no bien se dio el campanazo y habilitaron los portones de acceso, a dos horas del kick-off. Las banderas que ya vienen siguiendo las huellas de los Pumas en esta aventura mundialista maquillaron un estadio majestuoso, que suponía que ayer iba a recibir al seleccionado francés. A propósito, fue mucho el público local que ofrecía tickets en las periferias, sin temor ni cuidado de las miradas de policías, tal vez cómplices en este mercado negro de la reventa, invitado especial a todo acontecimiento universal. Aunque en la cancha, los franceses se hicieron sentir: entonaron a viva voz su grito de guerra, La Marsellesa. Fue la continuación de los festejos que se habían extendido durante toda la madrugada por el triunfo sobre los All Blacks.
Cosechador de simpatías por su juego asociado al espíritu y al corazón, los Pumas disfrutaron de una especie de localía en el inmenso Stade de France. A cada grito de try o después de una conversión, animaban los Auténticos Decadentes, con su ritmo "tu-ta, tu-ta" . El suspenso de los últimos momentos tuvo su desahogo con el canto del final, una retribución merecida para estos guerreros que ya son leyenda. Ellos hicieron historia. Y los hinchas también: conquistaron París.
EL VIDEO DE MICHELLE CONVOCANDO AL ABRAZO
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